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Madrid 2020, un error injustificable

Madrid 2020, un error injustificable

Madrid 2020, en la presentación de su candidatura cometió un error, o un olvido, difícilmente comprensible. Pienso que en ningún caso hubiera servido para ganar, pero hubiera convertido en cierta la afirmación “hemos dado lo mejor de nosotros mismos”. No lo dimos.

Somos un país de perfil medio-bajo que tuvo unos Juegos Olímpicos hace tan solo 20 años. Tenemos que ponernos a la cola. Hay muchas ciudades/países que por su peso específico van a celebrar los Juegos antes de que nosotros tengamos la oportunidad de repetir. Este punto de vista me hace ser pesimista, pero deseando equivocarme.

No obstante la presentación de una candidatura es un escaparate mundial sin parangón; una oportunidad única de llegar a cientos de millones de personas y de sacar un rédito positivo de esta comunicación; aunque a la postre se pierda la batalla por los Juegos. Aunque poco rédito se puede sacar si se olvida lo fundamental.
Imagen de previsualización de YouTubePodría pasar por alto que Madrid en su presentación intento ocultar sus debilidades, dopaje y candidatura low cost, con un resultado previsible; salieron en el turno de preguntas reforzadas como una seria amenaza.

Tokyo, por contra, integró la tragedia de Fukushima en su relato, tomó la delantera dando la vuelta a la tortilla.

Quizás me equivoque al pensar que esperábamos los Juegos; y así los pedimos (o los pidieron), como el maná, como la varita mágica llamada a resolver nuestros problemas. Y olvidamos enfatizar lo principal; ¿por qué le puede interesar a los demás que organicemos nosotros unos Juegos?. Probablemente en este hecho quedaron retratadas todas nuestras carencias; nuestra falta de perspectiva y la urgencia desesperada de un país que busca agarrarse a cualquier clavo ardiendo.

Igual también exagero al juzgar los vídeos de la candidatura como fríos y asépticos. Gente joven y guapa con Madrid muy de fondo, en algunos casi totalmente diluida. Con mensajes muy manidos y pinceladas de emoción construidas siempre a base de efectismos.

“Madrid tiene sentido” para mi gusto es un eslogan confuso; comprendo la intención, bien explicada en el vídeo de Plácido Domingo y Antonio Banderas, pero creo que deja la puerta abierta a interpretaciones negativas; tener sentido es lo mínimo que se le puede pedir a cualquier cosa, pero es un argumento pobre cuando se pretende alcanzar las cotas más altas.
Imagen de previsualización de YouTubeTambién podría obviar que en la presentación nos mostramos como un país disfuncional, donde por ejemplo los deportistas se expresan mucho mejor que los políticos. Donde un Principe, que tiene el puesto e incluso el ascenso asegurado, hace más méritos y se muestra mucho más competente que personas a las que elegimos cada cuatro años al suponer que son las más aptas; o eso por lo menos dice la teoría.

No dudo que todo el mundo entregó lo mejor de si mismo; aunque me niego a creer que no tengamos nada mejor que ofrecer.

Lo que de ninguna manera puedo comprender es un error, o un olvido, tan estruendoso como en el que incurrió Madrid. Era imposible que Tokyo tropezara en la misma piedra, muy al contrario. Cuesta creer que nadie con pasión olímpica se olvide de tal cosa; del alimento mágico que hace posible que el deporte transcienda de una manera tan especial en nuestra sociedad; por encima de negocios e intereses que obviamente también están ahí.

Vi el desenlace de las votaciones en una pantalla gigante en la Plaza de la Cibeles. Hasta allí me llevó la pasión de mi hijo, pese a mi escepticismo, él soñaba con que la elegida fuera Madrid.

En su cabeza ya tenía hechos todos los planes, en 2020 aún no tendrá edad para competir, así que iba a ser voluntario. Hasta tenía elegido el puesto, sería uno de los que se ponen el disfraz de mascota y van animando las competiciones.

Mi hijo solo tiene nueves años; pero practica, ve y vive el deporte de una manera muy intensa. De Londres 2012 no perdió detalle, incluidas ceremonia inaugural y de clausura; de Pekin 2008 recuerdo por ejemplo como nos emocionamos juntos cuando gano el oro Samuel Sánchez en ciclismo.
Imagen de previsualización de YouTubeCuando Madrid quedó eliminada mi hijo lloró sin consuelo posible, caminó desde Cibeles hasta Sol entre llantos. El Comité Olímpico Internacional se había olvidado de él; había pasado por alto su sueño de ser mascota, de saludar a sus ídolos, de ver ganar medallas a los atletas españolas…

Pero no solo el COI se había olvidado de él; también su candidatura, la de Madrid. Y ese es un error imperdonable. En toda la presentación no apareció ningún niño; quizás alguno en esas fotos que ponían de fondo de pantalla mientras hablaban. Pero ni rastro de niños en los vídeos; aunque fuera con un peso secundario o testimonial. Aparte de los deportistas, Antonio Banderas y Plácido Domingo; en los vídeos de España solo había lugar para gente joven y molona.

El domingo en la mañana vimos los vídeos de Tokyo; había niños, gente mayor, Tokyo y sus encantos a espuertas, y por supuesto también jóvenes.
Imagen de previsualización de YouTubeMi hijo pudo sentirse identificado con el sueño de un chiquillo con ojos rasgados que protagonizaba uno de los vídeos nipones. Nada va a impedir tampoco que los Juegos de Tokyo sean también sus Juegos, como lo serán los de Rio pese a que también se los arrebataron a Madrid.

Igual que mis Juegos fueron los de Moscú o los de Los Angeles; recuerdo perfectamente mis primeras trasnochadas para ver a la selección de Baloncesto, o las hazañas de Carl Lewis, el hijo del viento.

Todo ello hizo posible que aún se me ponga la carne de gallina cuando recuerdo el “HOLA” con el que empezaba la inauguración de Barcelona 92.
Imagen de previsualización de YouTubeAl terminar de ver la presentación de Tokyo mi hijo ha dicho, “estos japoneses saben lo que hacen”. Y me he sentido tremendamente orgulloso, es la ventaja que tiene ser olímpico, aunque solo se hayan visto los Juegos por la tele.

Otra ventaja es que la vida sigue y a cada segundo te da nuevas oportunidades. Tras el fiasco de Madrid vimos la semifinal de Rafa Nadal en New York. Y las oportunidades no se limitan a lo relacionado con el deporte.

Es imperdonable olvidar que la mayor grandeza del deporte es su capacidad de alimentar los sueños, e incluso las posibilidades reales, de cientos de millones de niños. Niños, que en muchas ocasiones, el deporte es lo más gratificante que les puede ofrecer la vida. Concebir uno Juegos y olvidarse de los niños es concebir algo parecido a un engendro.

Sin los niños, incluido el que cada uno llevamos dentro; los Juegos Olímpicos y cualquier competición deportiva profesional, serían algo parecido al Dow Jones o el Ibex 35; un lugar para jugar y ganar o perder dinero. Nada más.

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