Y tú, ¿vendes humo?
Lluvia, vapor y velocidad. William Turner 1844
—¿Por qué debo pensar que lo que vendes no es humo? —Esto me preguntó mi tocayo y amigo, Fernando, mientras conversábamos en el Café Comercial de Madrid.
Conocí a Fernando en un grupo literario. Escribíamos un relato quincenal y, el día convenido, nos reuníamos y se lo leíamos a los demás. Así, además de disfrutar, íbamos mejorando nuestra escritura a través de las apreciaciones que nos hacían los compañeros. Quizás esto ayuda a entender esta pregunta que me planteó. Así como que en su trabajo trata con lo más inmediato y tangible, la seguridad e integridad de las personas y los bienes materiales.
Él sabe de lo que hago por las redes sociales y por lo que sale en las conversaciones. Como mi trabajo se desarrolla en territorios de incertidumbre, sé que su pregunta se la hace más gente. Por eso, plantearla en voz alta, además de útil, fue generoso de su parte.
—Lo cierto es que sí vendo humo —le respondí en ese momento. Luego, en casa, pensé que no era realmente humo. Aunque lo que vale es la explicación.
En mi sector, es presuntuoso y errado, pensar que la solución que uno ofrece es la única posible. De hecho, lo normal es manejar varias plausibles antes de optar por la definitiva. Aparte, el resultado solo es previsible hasta un punto. Las metodologías y herramientas son dispares, lo que funciona hoy igual ya no funciona mañana, y lo que funciona aquí igual no funciona allí. Para avanzar siempre hay que asumir incertidumbre. Y, de no hacerlo, se puede terminar en las garras de un riesgo silencioso, aunque letal, el riesgo de no hacer nada o hacer lo mismo de siempre.
¿Será la respuesta adecuada? ¿Habrá otras mejores? ¿Hasta dónde avanzaremos? Siempre hay una situación incierta, vaporosa, de partida. Por tanto, no es humo, sino vapor, lo que se podría decir que vendo.
Luego este vapor, a través de un proceso de sublimación, puede devenir rápidamente en algo sólido o tangible. A veces se desbordan las expectativas en un plazo sorprendente. Aunque es más habitual que primero el vapor se condense y avance como un fluido antes de alcanzar la solidez. Lo fundamental es definir bien el proceso y el rumbo. Así, habrá un horizonte de referencia en todo momento y podremos calibrar lo lejos o cerca que nos encontramos. Unas veces se llegará antes, otras después. Unas se llegará más lejos de lo previsto, otras menos; pero el viaje no será en vano. No quedará nunca el sinsabor de haber estado en una humareda que solo ocultaba, presentaba espejismos o confundía.
Para soltar amarras y hacerse a la mar, hace falta tener confianza en el barco y en la tripulación. Ante las dudas, conviene lo siguiente:
- Afrontarlas y disiparlas o aminorarlas en la medida de lo posible.
- Si alimentan una desconfianza persistente, buscar otro barco o otra tripulación.
- Si son dudas naturales, que no menoscaban la confianza, tomarlas como una llamada de atención útil.
En mi ámbito, diría que una propuesta mediocre alimentada por la confianza, llega normalmente más lejos que una propuesta genial amenazada por la desconfianza. Lógicamente, hay que aspirar a ambas cosas a la vez, tener una buena propuesta y confiar en cuanto la rodea.
Sí que hay situaciones que, de partida, son más vaporosas que otras. Quizás porque el desafío de por sí es más incierto, o por recurrir a tratamientos menos convencionales. Puede ser una mezcla; en los desafíos complicados no suele ser suficiente con las respuestas habituales.
Finalmente, creo que hay que evitar tres cosas que pueden hacer que el vapor sí que termine siendo humo, aun sin pretenderlo.
- Asumir que, como tenemos un martillo, todos los problemas son clavos. Atarse a una herramienta o procedimiento, por comodidad o intereses ajenos al reto en sí, puede desviar del rumbo o convertir el trayecto en una experiencia frustrante.
- Los sesgos y prejuicios propios también pueden llenar de humo el horizonte. Todos tenemos los nuestros; la clave es asumir el hecho para que no nos desorienten sin siquiera darnos cuenta. En este sentido, escuchar detenidamente a uno mismo y a los demás implicados es un ejercicio necesario.
- Actuar de oídas. Proponer algo, no por haberlo experimentado, sino por referencias asumidas. En el pasado, cometí este error con frecuencia. Ocultaba mi falta de bagaje bajo ropajes grandilocuentes que ignoraba hasta qué punto abrigaban, si es que abrigaban. Luego, según uno va sintiendo el frío y el calor, comprende que lo importante es cómo cada ropa sienta y abriga en cada situación.
Emosiön
Hablando de cosas vaporosas, este juego pretende, ni más ni menos, que ayudar a detectar los flujos de energía emocional que recorren los retos en que nos vemos involucrados, para así hacer algo útil al respecto.
¿Cómo se puede garantizar eso?, quizás os estáis preguntando. Y, efectivamente, no se puede. Lo que sí se puede es ofrecer una embarcación sólida y un mapa de navegación. A partir de aquí, empieza a ser posible que el vapor fluya a través del agua y acabe llegando a un territorio tangible, sólido.
En el link encontraréis todos los detalles del juego, incluido un vídeo que lo explica en detalle. Aparte, podéis comprarlo, o pedirnos una sesión de juego enfocada a vuestros retos.




