¿Has sacado alguna vez una Matrícula de Honor?
¿Has sacado alguna vez una matrícula de honor? Si lo has hecho, ¿luego qué?, ¿otra matrícula de honor?, ¿una matrícula de honor plus? ¿Qué queremos decir al afirmar: “Este trabajo es de matrícula de honor”?
Nadia Comăneci fue la primera gimnasta en lograr un 10 en los Juegos de Montreal 1976. En ese entonces, regía un sistema de puntuación donde se empezaba el ejercicio con un 10 y se iban descontando los errores durante la ejecución. Por tanto, el 10 era un ejercicio perfecto, sin fallo alguno.
Problemas al respecto
– La propia Comăneci sacó varios dieces más; la nota se hizo habitual en las décadas posteriores. ¿Todos los dieces tenían igual mérito?
– Una vez que se alcanza el 10, ¿qué queda? ¿Romper el techo al 10,5 o al 11?
– Al solo penalizar los errores, las gimnastas preferían asumir solo los riesgos ineludibles. Esto frenaba la dificultad e innovación en los ejercicios.
Finalmente, en 2006, llegó un nuevo sistema que medía y sumaba dos cosas:
– La ejecución; como anteriormente, se partía de 10 y se restaban los fallos.
– La dificultad; a cada elemento del ejercicio se le reconocía un valor de dificultad que se iba sumando.
Se pasó de restar solo el fallo a sumar y así reconocer, la dificultad y el riesgo. Ya no había una nota máxima a la que aspirar, pues la dificultad pasaba a ser una suma abierta. Si antes se ganaba con 10 o 9,85, ahora se gana, por ejemplo, con 15,790.
De este modo, se ganó en complejidad, innovación y nivel de los ejercicios. Como contrapartida, también aumentaron los errores de ejecución. Un gimnasta se desequilibra varias veces durante el ejercicio; sin embargo, gana a otro cuya ejecución ha sido casi perfecta. La clave es que ha asumido un mayor nivel de dificultad que ha compensado lo restado por los fallos. Cada gimnasta, en función de su capacidad, del momento y de los rivales, decide los riesgos que toma o no toma. Lo que hace también más atractivo al propio deporte.
Mi hijo, al terminar de ver cada película, la puntúa de 1 a 10. Al principio, llegó un momento en que se le acumularon los dieces, y encima llegaban películas que aún le gustaban más. Entonces, bajó a todas un punto la nota; y a unas pocas se la subió 9,5 o 10. Con el tiempo, le ha pasado lo mismo otras dos veces y ha repetido la operación. Esto pone de manifiesto que, en muchos escenarios, al definir y asignar una nota máxima, el baremo empieza a naufragar.
Entre nosotros, comentamos que el sistema ideal sería el de la gimnasia, aunque se necesita establecer primero unos baremos consistentes. De modo improvisado, los hacemos al comentar las películas que vemos. Muchas están perfectamente ejecutadas y entretienen; el cine americano mainstream tiene esta virtud, aunque, por otro lado, asume pocos riesgos, por lo que rara vez depara algo memorable.
En el arte, y en otros ámbitos de la vida, si no se valora el riesgo, y se asumen los posible patinazos con naturalidad, puede establecerse una tiranía de la mediocridad. La dualidad dificultad/ejecución, más que un modo de medir, es un modo poderoso de observar y, en su caso, de actuar en consecuencia.
La inteligencia artificial, por ejemplo, es un gran ejecutor; viene avalada por tal cantidad de datos que, sin asumir riesgos, aporta soluciones sólidas. La pregunta sería; ¿esa solución segura nos sirve en todos los casos? De no servirnos, queda de nuestro lado asumir mayor riesgo, subir el listón, aumentar la magnitud y dificultad del reto.
¿A qué nos referimos al decir que un trabajo es de matrícula de honor? A mi juicio, más que aludir a un tope o una meta lograda, estamos indicando nuestra satisfacción con el camino que seguimos. Además, ¿cuál sería la meta? Por bien que hagamos una cosa; nosotros mismos cambiaremos la altura del listón más pronto que tarde. Más que máximos o metas, lo que hay son referencias e impulsos para seguir caminando.
En la gimnasia, su sistema de puntuación dilucida quién gana una competición a la vez que impulsa el progreso constante de la disciplina. En otros escenarios, al reconocer el riesgo y la innovación, se conjura el peligro de actuar solo motivados por el miedo al fallo. Al no soltarnos de la barandilla, evitamos el riesgo de perder puntos. Aunque, solo al soltarnos, podemos aspirar a ganar más.
Una pregunta final, ¿volverías al modo en que se puntuaba anteriormente la gimnasia?
Imagen de cabecera: Ballet painting. Olga Sokolova 2021
Gracias a Francis García Cedeño por su impulso para escribir este post. Es un tema que siempre me ha fascinado, aunque lo tenía catalogado entre mis singularidades/rarezas/flipadas. Ella me hizo ver que es algo que podría interesar a otros.
Por lo demás, no olvides supervitaminarte, mineralizarte y disfrutar del sol o lo que sea que la naturaleza ofrezca allí donde te encuentras


